Es común hablar de las disfunciones sexuales como un problema unipersonal que deriva en consecuencias para la pareja. Sin embargo, lo cierto es que la calidad en la relación y la manera en que la pareja actúa ante el problema influye enormemente a la hora de manejar cualquier problemática sexual. Así mismo un cambio de pareja puede provocar que una disfunción sexual ya controlada vuelva a su estado inicial. Si un miembro de la pareja tiene un problema, el papel de ambos miembros es crucial y aquí tenéis unos pasos a seguir, que junto con la ayuda profesional os puede ayudar en el proceso.

1. Cualquier problema o disfunción sexual es cosa de dos

Al hablar del problema como algo compartido se genera una sensación de apoyo y compañerismo que ayuda a la comunicación, implicación y motivación de ambos miembros. Esto sirve de ayuda a la hora de conseguir el primer paso para superar cualquier problema sexual, que es aumentar la complicidad, la conexión emocional y la confianza mutua.

Por todo lo mencionado anteriormente, tiene sentido plantear la disfunción sexual como un problema que sufren ambos miembros de la pareja, pasando de la concepción de “tengo una disfunción y necesito ayuda” a “tenemos una disfunción y necesitamos ayuda”. Por ello se recomienda hablar de la disfunción sexual como un problema que sufren ambos miembros de la pareja, mostrando implicación y aceptando parte de responsabilidad.

2. Ser consciente de los pensamientos de la otra parte, mostrar apertura, comprensión y aceptación

Una de las características comunes a todas las disfunciones sexuales son los pensamientos anticipatorios y catastrofistas. La pareja no puede evitar pensar que le volverá a pasar lo mismo cuando intente tener relaciones y aparecen preocupaciones acerca de cómo afectará esto a la relación y a tu opinión. “No hacerlo bien” o “No dar la talla” son preocupaciones comunes que interfieren en el acto sexual. Estos pensamientos generan miedo, tensión, falta de confianza e inevitablemente afectan a la calidad de las relaciones sexual y de pareja.

Para muchas personas esto resulta difícil de compartir y se puede llevar en silencio, sin comunicar a la pareja cómo se sienten al respecto. Esto junto a la tendencia a individualizar las disfunciones puede producir sentimientos de vergüenza y culpa, resultando finalmente en ansiedad durante el coito o evitación.

Mostrar apoyo, comprensión y aceptación se considera importante para reducir la ansiedad de ejecución. También cabe destacar la importancia de escuchar y ser consciente de sus sentimientos y pensamientos respecto al problema para contextualizar su modo de actuar y poder comprenderle mejor.

Para ello se recomienda dar el primer paso y animar a la pareja expresando abiertamente los pensamientos, sensaciones y emociones durante el sexo. Esto fortalece el vínculo y facilita que la pareja también pueda expresarse.

3. Olvidar los debería y las expectativas centradas en la meta. Valorar las sensaciones que aparecen durante el sexo.

“Debería aguantar la erección más tiempo”, “Debería excitarle que me pusiese en esta posición”, “Debería entrarle sin dolor”. Son algunos pensamientos sobre cómo debería ser el sexo que pueden aparecer.

El cuerpo humano y la mente es diferente en cada persona. Se encuentran miles de diferencias anatómicas y de funcionamiento en el cuerpo humano de diferentes personas. A esto se le une nuestras diferencias en cuanto a inquietudes, miedos, sentimientos y preocupaciones. Todas estas diferencias entre las personas nos sugieren que las relaciones sexuales son diferentes y únicas en cada pareja y resultaría poco ajustado a la realidad crear una norma o un “debería” acerca de las relaciones sexuales.

La preocupación por conseguir llegar a una meta de una determinada manera o por dar la talla hace que la persona se olvide de disfrutar el camino que se sigue para llegar ahí, se corre el riesgo de no llegar y que aparezcan sentimientos negativos en la pareja.

Las expectativas y los pensamientos de las relaciones sexuales centrados en una meta se consideran, por tanto, poco realistas y llevan a experimentar frustración al no conseguirlos. Además, añaden presión a la pareja y esto no ayuda a superar el problema. La relación sexual implica compartir una gran cantidad de sensaciones con la pareja. Es importante recordar que el sexo empieza cuando se comienzan a compartir estas sensaciones. Las caricias también son parte del sexo. Valorar y sentir cada beso y caricia de la pareja aumenta la conexión y está en la base del camino.

Por ello se recomienda experimentar la relación sexual paso a paso, prestando atención a las sensaciones y reacciones de la pareja con apertura y aceptación para construir el propio camino en la relación, sin tener expectativas y dejando atrás lo que se espera de ella. Además de restar importancia a la meta final, también se considera importante comentar con la pareja las sensaciones que se experimentan.

4. Practicar la focalización sensorial

La focalización sensorial es una técnica ampliamente utilizada en la terapia sexual para reducir la ansiedad que acompaña a las disfunciones sexuales, aumentar la conexión emocional y la complicidad. Consiste en acariciarse por turnos durante un tiempo prolongado y centrar la atención en las sensaciones.

Durante la realización de esta técnica no se podrá tocar genitales ni realizar ninguna otra práctica. De este modo la persona puede centrarse en sus sensaciones y disfrutar sin preocuparse o preguntarse por el siguiente paso. Es importante compartir las sensaciones tras la técnica para mejorar la conexión emocional y crear un clima de confianza.

Para llevar a cabo la focalización sensorial se recomienda elegir un momento del día tranquilo, en el que los dos miembros puedan dedicar al menos 20 minutos sin prisas. Primero se comienza acariciando a la pareja boca abajo por todo el cuerpo evitando los genitales. Después se sigue por acariciar a la pareja boca arriba. Cuando haya terminado se invertirán los papeles y la pareja seguirá el mismo procedimiento. Tras practicar la técnica varias veces se podrá poner en práctica simultáneamente, de modo que ambos miembros se acaricien a la vez por todo el cuerpo, evitando genitales y centrándose en las sensaciones del momento.

5. Prestar atención a signos que indiquen que necesitáis ayuda profesional extra

Los pequeños problemas en las relaciones sexuales se consideran normales y comunes. Una buena comunicación, apoyo y aceptación por parte de la pareja resulta importante en estos momentos y puede ser suficiente para superarlos.

Sin embargo, cuando esto no funciona, la comunicación se deteriora, el problema no mejora y aparece malestar, la pareja se puede beneficiar de consultar con un profesional. Aunque todas las disfunciones sexuales cursan con características comunes, cada problema tiene sus peculiaridades y se utilizan técnicas específicas. A esto se le añade las características personales de cada miembro, con su historia personal y el contexto en el que se desarrolla el problema, que añadirá complejidad al abordaje de este. Ante la duda no dudes en consultar con un profesional.

 Laura Méndez Corredera. Psicóloga general sanitaria.