Las personas tenemos miles de pensamientos cada día que aparecen continuamente, a veces de manera automática, sin que seamos conscientes de ellos o les prestemos atención. Estos pensamientos son responsables de nuestras conductas y sentimientos en las diferentes situaciones de nuestra vida, así como de crear una visión global sobre nosotros mismos, el mundo que nos rodea y el futuro. Por ejemplo, cuando estamos ante una situación complicada, podemos pensar que fracasaremos y todo saldrá mal. Esto nos hará sentir miedo y probablemente huiremos de la situación o no intentaremos abordarla. Sin embargo, otro pensamiento alternativo como: “es una situación difícil, pero si me esfuerzo podría conseguirlo”, provocará un sentimiento de confianza que nos llevará a intentar superar el problema con todas nuestras fuerzas. Esto influirá en los resultados posteriores.

Estos pensamientos son diferentes para cada persona y surgen como fruto de nuestras experiencias, los momentos que vivimos cada día que nos llevan a sacar conclusiones y aprender. Las experiencias que vive cada persona día a día están condicionadas por varios factores:

  • Nuestras circunstancias o suerte: Cada persona se encuentra a lo largo de su vida con experiencias diferentes. Estas experiencias pueden diferir mucho de una persona a otra e incluir diferentes traumas, alegrías etc.
  • Las normas sociales y culturales de nuestro entorno: Estas normas incluyen los ideales de la cultura, las opiniones del círculo familiar y de las amistades. Nuestro entorno emite una respuesta ante nuestras acciones y esta consecuencia nos queda grabada para aprender de ella. La respuesta puede ser diferente de un entorno a otro, no reaccionarán igual los padres de un adolescente que sus amigos.

Esto provoca que en ocasiones recibamos mensajes diferentes o incluso contradictorios ante una misma acción y tengamos que interpretar el conjunto de respuestas para sacar nuestras propias conclusiones. De este modo cada persona se ve obligada a interpretar la realidad, consolidando pensamientos y expectativas individuales, formando los llamados esquemas cognitivos.

Todo ello implica que en ocasiones consolidemos y tomemos como nuestras dos ideas contradictorias, causándonos malestar, confusión y conductas incongruentes con nuestro pensamiento. Por ejemplo, una persona puede estar en contra del consumo de drogas y consumirlas. A este problema se le llama disonancia cognitiva.

Por otro lado, cuando experimentamos una serie de consecuencias, pensamientos y emociones en relación a una situación, estos suelen quedar asociados en nuestro cerebro, de modo que la próxima vez que nos encontremos con una situación parecida reaccionaremos de manera similar. Este aprendizaje también forma esquemas cognitivos, en forma de patrones que guían nuestro pensamiento, sentimientos y reacciones en situaciones similares.

¿Alguna vez has tenido la sensación de “caer varias veces en la misma piedra” o no conseguir aprender de un error?

Los esquemas cognitivos tienen la función de facilitar nuestras respuestas ante situaciones que ya hemos vivido antes o temas que ya hemos barajado para reaccionar con más rapidez. Es por ello que muchas veces actuamos automáticamente ante algunas situaciones, cometiendo un error que ya habíamos cometido antes. Además, están bien consolidados, lo que nos provoca ser menos flexibles y tener dificultad para cambiar nuestras reacciones u opiniones. Por ejemplo, una persona puede percibirse a sí misma como fea porque algunas personas se lo dijeron. Con su esquema cognitivo consolidado, ignora los demás comentarios positivos acerca de su apariencia y mantiene su autoconcepto como “fea”, afectando a su autoestima. De este modo, se producen errores en la interpretación de la realidad que causa malestar.

Todos estos errores en la interpretación de la realidad son las llamadas distorsiones cognitivas. Las distorsiones cognitivas son causa de malestar y provocan que tengamos ideas erróneas acerca del mundo, nosotros mismos, los demás y el futuro. También son la principal causa de la depresión, siendo su abordaje el tratamiento más recomendado. Además, las distorsiones cognitivas también aparecen en otros problemas de salud mental como los trastornos de ansiedad, los trastornos de la conducta alimentaria, el trastorno obsesivo-compulsivo y la baja autoestima. Abordar las distorsiones cognitivas es importante para el tratamiento de estos problemas y para prevenir el desarrollo de todos los problemas de salud mental.

¿Se pueden cambiar los pensamientos que no se ajustan a la realidad o distorsiones cognitivas?

Por un lado, es imposible tener la verdad absoluta sobre la realidad. Sin embargo, sí que es posible lograr pensamientos ajustados a la realidad y cambiar los esquemas cognitivos. La terapia cognitiva ha probado tener eficacia para ayudarte a detectar los pensamientos que no se ajustan a la realidad y enseñarte a modificarlos. Es por ello que te recomiendo:

  • No tomar ningún pensamiento que te hace daño como real sin cuestionarlo antes.
  • Pedir ayuda a un profesional de terapia cognitiva para desmontar las distorsiones cognitivas, cuestionar el pensamiento y lograr un pensamiento ajustado a la realidad.

 Laura Méndez Corredera. Psicóloga general sanitaria.