A lo largo de la vida aparecen infinitas dificultades que nos ponen a prueba y requieren de todo nuestro esfuerzo para adaptarnos. Toda persona se ha sentido desgraciada en algún momento, ha vivido el típico “tierra trágame” y se ha preguntado por qué ha tenido que tocarle vivir tal situación. Sin embargo, lo que parece insignificante para una persona puede parecer un mundo para otra. En estas diferencias se esconde una manera diferente de pensar y afrontar la situación, que afectarán a cómo se siente la persona. Conforme se van viviendo dificultades se aprenden nuevas formas de superarlas y el pensamiento cambia. A vivir se aprende cada día, y cada dificultad es una oportunidad de crecimiento para el futuro si se aprovecha bien. Para sobrevivir a la adversidad se recomienda:

1. Aceptar los errores y emociones ante ellos

Ante situaciones difíciles se suelen cometer errores. Reconocer haber cometido un error puede resultar complicado para muchas personas. Frecuentemente se tiende a tapar los fallos y no reconocerlos, hasta el punto que a la persona se le puede olvidar haber cometido el error. De este modo, no se llega a saber la razón por la que ocurrió lo que hace sufrir. Tal vez tampoco se llegue a ser consciente de que se está sufriendo, se niegue la emoción y esto se manifieste en explosiones emocionales. Ser consciente de los errores y emociones hacia ellos es sano y necesario para crecer. Ser capaz de reconocerlos ante otras personas en el momento es el primer paso para ser consciente de ellos. Permítete equivocarte y reconócelo, fallar es normal y necesario. En ocasiones se puede necesitar ayuda para reconocer los errores, atrévete a pedirla.

2. Separar los errores y circunstancias de lo que se es.

Es frecuente definirse a uno mismo en función de las acciones o logros, de modo que al pasar una “mala racha” la percepción de uno mismo comienza a cambiar, afectando al estado de ánimo de la persona. Finalmente, la persona acaba por definirse en función de su “mala racha” ignorando el resto de cualidades que la definen. Se recomienda recordar que cada persona es única y tiene cualidades propias. Los errores que se cometen o las vivencias que se sufren no cambian esas cualidades ni definen a la persona, sólo son oportunidades para crecer. Estas oportunidades se aprovecharán mejor al tener esto en cuenta.

3. Elaborar un plan de mejora para la próxima vez.

Es conveniente analizar cada situación, reconociendo las acciones que ayudaron a conseguir los objetivos y aquellas que los dificultaron. Sin embargo, ninguna acción es buena o mala. Se recomienda analizar esa acción o decisión en función de las circunstancias, viendo los pros y contras de realizarla. Una vez analizada la situación se podrá elaborar un plan de mejora para la próxima vez, teniendo en cuenta qué acciones se repetirán y cuáles se cambiarán.

4. Volver a intentarlo

A veces, aunque se tenga un plan de mejora, se vuelve a cometer el mismo error. Esto puede ser por un fuerte aprendizaje previo que llevó a actuar de la misma manera o porque se olvidó lo que se iba a mejorar. Es importante volver a intentarlo para conseguir llegar a tus objetivos. Con frecuencia, la persona que más crece es la que más lo intenta.

 Laura Méndez Corredera. Psicóloga general sanitaria.